Varado.

Ignacio Escañuela Romana.

Le preocupó porque no lo esperaba. El momento en que simplemente dejó de ser capaz de sentir y tomar decisiones. Cuando se convirtió en un ser anómico, y razón y emociones se divorciaron para siempre.

Cada vez tendió a sentirse peor y le costaba situar cada pedazo de su mente. El pasado y el futuro se mezclaban hasta ser incapaz de saber quién era realmente. Como una imagen vagando. deambulaba como en sueños y se quedaba asombrado ante la capacidad de los demás de construir historias y elegir. 

Fue justo entonces cuando retornaron las sensaciones primarias: el hartazgo, las ganas simples de vomitar, el asco, la repulsión, la nada evanescente producto de su incapacidad para decidir y hacer. 

Se miró y se vio como a un muñeco sujeto a las circunstancias, sin criterio personal y propio. Había perdido la capacidad para perder y prefería hacer lo más absurdo: conservar todo eso que no valoraba. Harto de forzarse a sí mismo, el miedo vital le había podido. Varado, pues, en mitad de la ciudad, observó la enorme avenida de coches marchando, veloces, en busca de objetivos, llameantes y sonoros. Alzó los ojos y vio un cielo pálido por encima de la bruma de contaminación. Observó a los árboles movientes, la suave brisa mezclada con las corrientes del esfuerzo de los motores.

De espaldas a la pared, producto de sus errores y nada más, empezó a andar.

https://escribiryfilosofar.blogspot.com/2021/07/varado.html

Publicado por

Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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