Sal

Ignacio Escañuela Romana

Entonces cielos cayentes, galernas enfrascadas, los oídos zumbando, la respiración entrecortada, la sal golpeante, ventarrón aullador. Me creí morir, pero no fue así. Seguí. Soledad acompañadora. Así me encontré y decidí seguir, prevalecer. Algún día saldrá el sol, pero ¿para quién?. Es igual.

Vuelvo, pues, la cara hacia la procela y me siento vivo. Aspiro y expiro, el alma alumbrada. Así pues, retomar, a partir de la nada.

Certezas, rugidos, olas rompientes, significados, ¿sentido?. La realidad.

Publicado por

Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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