Tristeza

Ignacio Escañuela Romana

Sí, tristeza, no por las experiencias vividas, las decisiones tomadas, sino por todo aquello que no hice, los mundos que no conoceré, los tiempos que están más allá de mi alcance, los conocimientos paradójicos que me dejan dudas, la falta de un significado claro, la sensación de ser un producto de algo desconocido, la absoluta ignorancia por la razón de existir, la sensación no menor de estar perdido en un yo incomprensible, el deseo de vivir algo nuevo que nunca se cumple, las esperanzas perdidas respecto a mí mismo.

Me siento, entonces, en esta orilla de los mundos cósmicos, observo las estrellas y galaxias que se asoman en su absoluta lejanía y grandeza, y suspiro por la repetición del drama incomprensible. Los intentos del hombre de comprender el mundo a su imagen, de dotar de sentido a los hechos que, sí, en su absoluta existencia deben reír quedamente. La imposibilidad del hombre, en fin, para el encuentro consigo mismo, con esa identidad inasible.

Sé que «en todos los hombres reviven antiguos tormentos» (Lem), en una tragedia que deja a la totalidad indiferente. No, sí estoy de acuerdo, «nunca más me daré por entero a nada ni a nadie» (Lem). El viento nocturno agita suavemente mis cabellos.

Publicado por

Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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