Alcanzo

Ignacio Escañuela Romana

Lo que de verás me costó fue aceptar que ya no hay nada que añorar. Primero fue tener y después perder, y en cada uno de esos instantes sentí. Lo duro vino ahora, cuando comprendí y ya no eché de menos. Quedó, sí, un hueco extraño. Es donde habito.

Y, entonces, ahora, puedo pasear por los parques de antaño donde nos vimos, observar las estrellas que compartimos, aspirar los aires de la primavera que revive, la misma en que andamos juntos, las noches salvajes vividas, la contemplación de momentos eternos.

Ese poder me duele, porque recuerdo sí, a los poemas Dyckinson y me digo, de modo inesperado, si el mal existió alguna vez o fue todo una breve ilusión de mí mismo. Y dudo acerca de mi papel, no para los demás, sino para mí mismo.

No lo sé. No sé nada, la verdad. Pero paso junto a las avenidas compartidas y, sí, sin duda, ahora son solo mías. No, no echo de menos. Ahora alcanzo: llego a comprender que no entiendo nada.

Publicado por

Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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