Espejo

Ignacio Escañuela Romana

Resultó que él siguió, con la fe de un poseído por la historia, con la sonrisa de quien lo perdió todo. Justo él, el menos esperable, desahuciado por las esperanzas depositadas en todos los demás. En una victoria pírrica, aguantó para sí mismo, sin testigos ni nostalgias: pero la sangre le transformó.

Fue, sí, su única forma de evitar el mal bullente. Lo sintió surgir desde lo más fácil, la costumbre, la forma de hacer de manera que todos los demás le valorasen. Pero una tarde, tórrida de calor rebotante, lo afrontó. Hubiese querido evitarlo, pero no supo cómo hacerlo. Entonces la verdad le atravesó, como lo ha hecho, de forma caprichosa, con otros hombres en la historia.

Ahora, más sólido y perdido, teme estar ya en otra realidad, en una nube alternativa. Pero, en un extraño cogito cartesiano, sobrevive en las raras noches cuando el impulso le lleva a vagar como un animal salvaje por los páramos bajo el orbayu, sintiéndose existente y fuerte, débil y henchido de visiones desprovistas, que iluminan y le golpean la superficie. Nocturnos para el solo, lumbres espantosas en su propia mente. El horror, sí, el que la selva de la vida le reveló, a la manera de Conrad.

Publicado por

Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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