Una palabra

Ignacio Escañuela Romana

Te iba a decir una palabra pero no pude, dice uno de los versos de Hikmet. Añade el poeta turco: La muerte antes de llegar me envió su soledad.

Pienso, a veces, que los afanes en que andamos mezclados son absurdos. Cuánta verdad en esos versos, cuánta mentira en la persecución del vacío diario que hacemos. Y conforme más nos afanamos, más nos atrapa. Pero, entonces, cae la noche y la oscuridad nos llega con su verdad.

Pero pienso, asimismo, en esa palabra que iba a decir y no pude. ¿Por qué no pude? ¿Qué quería decir y no me atreví a hacerlo? La palabra lleva algo importante, como un pequeño paquete que puede ir de lo más insulso al máximo interés. Claro que el oyente es quien clasifica. Sin mirar a los ojos, algunas de esas palabras quedan vacías, como decirlas en otra lengua que la materna: sí, las transmitidas por nuestras madres cuando estábamos acogidos. ¡Qué carga de veracidad en esas primeras palabras que nos dirigen en un diálogo sobre las verdades de la existencia!

Claro, las palabras también sirven para mentir y esconder. Además, nos alejan. Pero, ¿Qué sería de Aquiles y su cólera sin toda la narración que de él nos llega a través de Homero? ¿Quién es Edipo sin las tragedias sobre su hybris, que podemos leer y representar?. Porque la palabra no sólo nos envía la posibilidad de comprender, sino que también lo hace a través de los tiempos y los espacios. Imagino las bibliotecas de noche como el lugar donde los libros, quienes los escribieron, mas también quienes los han leído, discuten e intercambian.

Sí, discutir, ese verbo que siempre me ha parecido tan fundamental. Sé que tiene mala fama frente al aséptico dialogar o el académico debatir, pero cuánta realidad transmite de la forma como nos comunicamos. Imagino, porque las leo, sí, las discusiones entre Cassirer y Heidegger en Davos en torno a la universalidad del valor, como elemento del ser o contra él. ¿Qué hubiese sido del Banquete de Platón sin los discursos orales y escritos sorbe el amor? ¡Qué diferente es comer, beber y ver y hacer todo eso y hablar en tono vehemente para lograr alcanzar la verdad! En fin, Maquiavelo cuenta el sueño sobre el báratro y el paraíso y su elección del lugar donde se debate sobre política. Claro, el infierno.

Quedan los versos de Hikmet, el último poema en la cartera, tras la foto, me dijiste, nos cuenta poéticamente, por qué no vienes y te quedas, sonríe y muere. Entonces, Nazim lo decidió.

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Ignacio Escañuela Romana

Un poco de todo, escritor, filósofo y economista. Porque, en el fondo, son la misma cosa.

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